Maridaje y sus fundamentos: La armonía entre el vino y la comida. El maridaje entre el vino y la comida es mucho más que una tradición, es un arte que busca crear una sinergia entre ambos elementos, potenciando sus características sin que ninguno opaque al otro. Aunque la regla tradicional sugiere que los vinos blancos acompañan a las carnes blancas y las pastas, y los tintos van mejor con las carnes rojas, esta guía general puede no ser siempre la más acertada, ya que existen muchos factores que pueden alterar esta relación.

La creciente oferta de vinos en Colombia y el acceso a diversas cepas y marcas de diferentes orígenes, ha permitido ampliar las opciones de maridaje y dejar atrás las restricciones clásicas. Los aromas, los sabores y las texturas de los vinos varían dependiendo de su región de origen y el trabajo enológico realizado, lo que abre la posibilidad de combinar vinos con platos de manera más creativa. El objetivo es encontrar vinos que realcen las cualidades del plato y viceversa, buscando siempre la armonía entre ambos o, en algunos casos, contrastes que generan una experiencia única.

En esencia, el maridaje es el arte de combinar un vino con un plato para lograr un equilibrio perfecto, donde ambos elementos se complementan y potencian mutuamente. Esta búsqueda de integración puede hacerse de dos maneras: por similitud o por contraste. El maridaje por similitud implica elegir vinos y alimentos con características parecidas, lo que refuerza el sabor de ambos. Por otro lado, el maridaje por contraste, donde se combinan sabores opuestos como lo dulce con lo salado, puede ser igualmente efectivo, creando una experiencia sorprendente y memorable.

El papel del vino en la comida

El vino ha sido considerado durante siglos el acompañante ideal de las comidas, desde el aperitivo hasta el digestivo. No solo por su capacidad para resaltar los sabores de los platos, sino también por los beneficios que aporta a la salud cuando se consume con moderación, gracias a los polifenoles, poderosos antioxidantes presentes en la bebida. El vino es capaz de limpiar el paladar entre bocados, favoreciendo la digestión y permitiendo que el comensal disfrute más de cada plato.

A lo largo de la historia han surgido maridajes geográficos que han perdurado por su efectividad. Ejemplos de estos maridajes son los vinos espumosos franceses con ostras, los vinos verdes portugueses con pescados fritos, o el Riesling alemán con pernil asado. Estos maridajes no son casualidades, sino que son el resultado de una relación armoniosa entre los ingredientes autóctonos y los vinos de las respectivas regiones. Estas combinaciones han sido probadas y perfeccionadas a lo largo de generaciones, logrando una integración natural de los sabores.

Cómo encontrar el maridaje perfecto

La búsqueda del maridaje perfecto depende, en gran medida, de las características del vino y el plato. Existen dos enfoques básicos para lograr una combinación exitosa: por similitud y por contraste.

El maridaje por contraste es aquel que juega con las diferencias entre los sabores y las texturas del vino y la comida. Este tipo de maridaje puede ser especialmente efectivo cuando ambos elementos tienen un carácter fuerte. Un ejemplo de maridaje por contraste es el queso azul, de sabor salado y potente, con un vino dulce como el Oporto. El contraste entre la intensidad del queso y la dulzura del vino crea un equilibrio fascinante. Otros ejemplos incluyen el jamón serrano con un Sauvignon Blanc, o un risotto de setas con un vino ligero chileno.

Por otro lado, el maridaje por similitud se basa en combinar vinos y alimentos con características similares. Este tipo de maridaje refuerza los sabores de ambos. Por ejemplo, un Chardonnay con un pescado magro o mariscos frescos, donde la suavidad del vino resalta las notas delicadas del plato. Asimismo, un Pinot Noir, con su elegancia y frescura, puede acompañar perfectamente carnes de caza como el pato o el ciervo, creando una armonía de sabores que enriquece la experiencia gastronómica.

Maridajes prácticos para cada ocasión

En la actualidad, las opciones de maridaje son prácticamente infinitas, y el mercado colombiano ofrece una amplia variedad de vinos que pueden adaptarse a diferentes tipos de platos. Algunos ejemplos prácticos incluyen:

  • Tocornal Sauvignon Blanc: Ideal como aperitivo, este vino se adapta bien a mariscos, ceviches, ensaladas y pescados magros. Su frescura y acidez lo hacen perfecto para acompañar platos ligeros.
  • Bicicleta Reserva Chardonnay: Este vino se lleva de maravilla con carnes blancas como pavo y pollo, así como con pescados grasos como el salmón y el mero. También es adecuado para mariscos de textura fibrosa y pastas con salsas cremosas.
  • Bicicleta Reserva Pinot Noir: Su ligereza lo convierte en el compañero perfecto para carnes suaves como el atún o el pato. Es una excelente opción para quienes prefieren un tinto menos pesado pero con cuerpo.
  • Bicicleta Reserva Merlot: Este vino es ideal para acompañar pastas con salsas suaves, carnes blancas como el pollo o el conejo, e incluso pescados grasos. Su suavidad y estructura equilibran bien estos platos.
  • Bicicleta Reserva Carmenere: Un vino perfecto para platos de sabor medio, como guisos y estofados, o pastas con salsas no demasiado intensas. Su perfil suave y afrutado lo convierte en una excelente opción para acompañar comidas caseras y tradicionales.
  • Reserva Especial Cono Sur Cabernet Sauvignon: Un vino de mayor cuerpo que acompaña perfectamente a carnes rojas intensas, como el vacuno, y a quesos maduros como el parmesano o el camembert. Su estructura robusta lo hace ideal para platos con sabores marcados.

Los enemigos del vino

Aunque el vino es un compañero ideal de muchas comidas, hay ciertos ingredientes que pueden interferir con la armonía entre ambos. Los principales enemigos del vino son los excesos de sal, yodo, azúcar, ajo y ají picante. Estos ingredientes pueden alterar la percepción del vino, desajustando su equilibrio.

Además, hay alimentos como espárragos, berenjenas, alcachofas, betarragas y tomates que pueden resultar problemáticos para los maridajes, ya que alteran la percepción de las características organolépticas del vino.

Consejos para una experiencia de maridaje perfecta

La temperatura del vino es un factor clave para disfrutar de una buena experiencia de maridaje. Servir un vino demasiado frío puede anular sus aromas, mientras que uno demasiado caliente puede intensificar el alcohol y sobrepasar los sabores delicados. En general, los vinos blancos deben servirse fríos, entre 6 y 8°C, mientras que los tintos deben tener una temperatura ligeramente más alta, alrededor de 16°C.

Otro consejo importante es evitar maridar vinos muy tánicos o astringentes con platos muy dulces, ya que el vino perderá su equilibrio y se volverá amargo. Asimismo, los platos muy salados, como los quesos curados o el jamón serrano, no combinan bien con vinos tintos muy corpulentos.

Conclusión: El mejor vino es el que más te gusta

El maridaje de vino y comida es un viaje de exploración sensorial. Aunque existen reglas y principios, lo más importante es disfrutar de la experiencia. La mejor combinación será siempre aquella que más te guste y que realce tanto el vino como el plato. Así, el maridaje no solo se convierte en un arte, sino en una forma de disfrutar la gastronomía en su máxima expresión.

Por: Alejandro Pinilla Rincón, Sommelier Profesional